Insuficiencia venosa crĂłnica: manejo y tratamiento - EMJ

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Insuficiencia venosa crĂłnica: manejo y tratamiento

21 Mins
Dermatology
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Speakers:
Kursat Bozkurt , 1 Eberhard Rabe , 2 Mohamed I. Sharkawy 3
Disclosure:

Los autores recibieron sus honorarios de OM/Vifor Pharma (Meyrin, Suiza) como especialistas y oradores internacionales en el SEMINARIO Enfermedad venosa crĂłnica y enfermedad hemorroidal: manejo y tratamiento celebrado en Lisboa, Portugal. El profesor Rabe es asesor de Sigvaris y EUROCOM.

Acknowledgements:

Asistencia por escrito del Dr Ewen Legg de Halcyon Medical Writing.

Support:

La publicaciĂłn de este artĂ­culo fue financiada por OM/Vifor Pharma. Los puntos de vista y las opiniones expresados son los de los autores y no necesariamente los de OM/Vifor Pharma.

Citation:
EMJ Dermatol. ;5[Suppl 3]:2-14. DOI/10.33590/emjdermatol/10314746. https://doi.org/10.33590/emjdermatol/10314746.

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Meeting Summary

Este seminario especializado financiado mediante una contribución independiente realizada por OM/Vifor Pharma reunió a facultativos especializados en cirugía vascular, ginecología y dermatología de Pakistån, Egipto, Turquía, Líbano y Alemania para debatir acerca del manejo actual de la enfermedad venosa crónica (EVC) y la enfermedad hemorroidal. El seminario estuvo compuesto de presentaciones plenarias y debates interactivos sobre estudios de casos, permitiéndose a delegados y oradores participar en discusiones de mayor nivel sobre cuestiones candentes en este campo.

ENFERMEDAD VENOSA CRÓNICA: EPIDEMIOLOGÍA, FACTORES DE RIESGO, PATOFISIOLOGÍA Y DIAGNÓSTICO

EpidemiologĂ­a

La EVC es una enfermedad preocupante que genera una carga significativa sobre los servicios sanitarios y la sociedad en general. A menudo, el primer signo de EVC es la apariciĂłn de venas varicosas. No obstante, la evoluciĂłn a insuficiencia venosa crĂłnica (IVC) se demora a menudo varios años, y se define por la presencia de edema y una ClasificaciĂłn clĂ­nica, etiolĂłgica, anatĂłmica y patofisiolĂłgica (CEAP) ≄C3, que supone un problema de mayor peso para el personal asistencial y los pacientes (Tabla 1). Asimismo, el sĂ­ndrome postrombĂłtico contribuye tambiĂ©n a la carga de la enfermedad venosa con un perfil sintomĂĄtico parecido pero mĂĄs grave, que comienza con sensaciĂłn de pesadez y evoluciona hacia dolor, edema y cambios en la piel.

Tabla 1: ClasificaciĂłn clĂ­nica, etiolĂłgica, anatĂłmica y patofisiolĂłgica y prevalencia global de la enfermedad venosa crĂłnica.
Adaptación de Eklöf et al., 2004.3 *Datos de Rabe et al. 2012.1

Datos del programa internacional de cribado y concientizaciĂłn Vein Consult Program muestran que predominan las primeras etapas de la EVC.1 Las venas varicosas y el edema afectan a alrededor del 15 % de la poblaciĂłn mundial (Tabla 1). La enfermedad grave, caracterizada por Ășlceras venosas activas o curadas, afecta aproximadamente al 2 % de la poblaciĂłn mundial (Tabla 1), con una carga concomitante significativa sobre los sistemas sanitarios y los pacientes.2 Estudios mĂĄs recientes con referencia en la clasificaciĂłn CEAP y desarrollados en Europa y los EE. UU., sitĂșan la enfermedad grave en intervalo C4−C6 en aproximadamente el 5 %, mientras que la prevalencia de C2−C3 estarĂ­a en torno al 25 %, con lo que la EVC moderada a grave serĂ­a una patologĂ­a muy frecuente. Estas cifras parecen permanecer relativamente constantes por paĂ­ses, incluyendo el conjunto de Medio Oriente y el sur de Asia.

La prevalencia de la IVC aumenta drĂĄsticamente con la edad, y las Ășlceras venosas afectan al 20,7 % de las personas >80 años de edad, en comparaciĂłn con el 0,3 % de los situados en el intervalo 41−50 años.4 Se considera que la EVC es una enfermedad mĂĄs comĂșn entre las mujeres, aunque la afectaciĂłn de ambos sexos es considerable. Mientras que la incidencia de venas varicosas en superior en las mujeres que en los hombres (13,9–46,3 % de las mujeres y 11,4–29,3 % de los hombres sobre un total de 50.974 personas de Europa y los EE. UU.),5-10 la prevalencia es similar en los hombres y mujeres que nunca han estado embarazadas. La influencia del sexo en las formas menos graves de la enfermedad venosa no estĂĄ clara. AdemĂĄs, en el Estudio Venoso de Edimburgo, las venas varicosas eran mĂĄs comunes en los varones en el contexto de la poblaciĂłn general. Datos del Estudio Venoso de Bonn indican que las mujeres con EVC suelen informar con mĂĄs frecuencia la ocurrencia de sĂ­ntomas en las 4 semanas anteriores a la consulta que los hombres. Estas diferencias pueden duplicarse al hablar de sĂ­ntomas tales como pesadez (23,8 % frente a 11,1 % en mujeres y hombres, respectivamente) y dolor asociado con estar de pie (24,2 % frente a 14,4 % en mujeres y hombres, respectivamente). Esta podrĂ­a ser una de las razones por las que los hombres con venas varicosas rara vez solicitan su tratamiento, y acuden a consulta en etapas tardĂ­as de la IVC.

La EVC supone una carga socioeconĂłmica de gran peso en todo el mundo. En Europa Occidental, el 2 % (900 millones de €) del presupuesto sanitario anual se dedica a enfermedades venosas crĂłnicas, siendo su equivalente unos 2.500 millones de $ en EE.UU. Ello supone un impacto en el presupuesto mayor que el de la enfermedad arterial. Las Ășlceras venosas contribuyen en la pĂ©rdida de 2 millones de dĂ­as de trabajo anualmente en EE. UU.; la EVC en tĂ©rminos generales implica una pĂ©rdida de 4 millones de jornadas perdidas anualmente en Francia. El coste anual de la pĂ©rdida de dĂ­as laborables varĂ­a entre los 270 millones de € en Alemania y los 320 millones de € en Francia, siendo de 3.000 millones de en EE. UU.11,12

Factores de riesgo

Los factores de riesgo por venas varicosas no son modificables, e incluyen edad, genĂ©tica y ser mujer o el embarazo. No obstante, la IVC sĂ­ incluye factores de riesgo modificables y no modificables, que incluyen edad, obesidad, hipertensiĂłn y exceso de tiempo sentado o de pie. La edad avanzada es el factor de riesgo mĂĄs importante tanto para las venas varicosas como para la IVC. En el gran estudio poblacional transversal de San Diego, la oportunidad relativa (odds ratio, OR) en edad avanzada era de 2,42 para las venas varicosas y de 4,85 para la IVC.5,10 En el Estudio venoso prospectivo ampliado de Bonn, la OR para venas varicosas en el intervalo de los 70–79 años fue de 15,9.9,10,13 La obesidad es el factor de riesgo modificable para IVC mĂĄs significativo, y afecta a entre tres cuartos y dos tercios de los pacientes. La etapa tardĂ­a de la IVC, caracterizada por las Ășlceras, es muy rara en pacientes no obesos. La presencia de factores de riesgo modificables en IVC ofrece la posibilidad de establecer estrategias de profilaxis.

FisiopatologĂ­a

La principal caracterĂ­stica de la fisiopatologĂ­a de la EVC es el reflujo, producido principalmente por incompetencia y obstrucciĂłn valvular. La obstrucciĂłn y el reflujo pueden darse de forma individual o combinados, y empeoran por la disfunciĂłn o la inactividad de la bomba muscular. Estos factores dan como resultado el aumento de la presiĂłn venosa ambulatoria, que da lugar a hipertensiĂłn venosa ambulatoria. El aumento de la presiĂłn venosa y la reducciĂłn del flujo sanguĂ­neo provocados por los mecanismos anteriores son los principales promotores de los elementos patolĂłgicos resultantes de la EVC.

Hasta el cambio de siglo, base teĂłrica para la fisiopatologĂ­a de las venas varicosas se fundamentaba en el fenotipo descendente de la evoluciĂłn de la enfermedad. La «teorĂ­a descendente» sostiene que la enfermedad se inicia en la parte superior, a la altura de las confluencias safeno femoral o safeno poplĂ­tea, seguida por extensiĂłn de los troncos y de las tributarias superficiales.11 Sin embargo, durante los Ășltimos 10–15 años, ha ganado aceptaciĂłn la «teorĂ­a ascendente», que sugiere un origen multifocal con inicio en las tributarias y desplazamiento a los troncos, y posteriormente a las confluencias.10,14

La inflamación desempeña un papel fundamental en el fallo valvular y en la remodelación de la pared venosa, y ambos contribuyen al reflujo y la hipertensión. El aumento de la presión hidroståtica y la reducción del flujo sanguíneo activan la expresión de genes inflamatorios en el endotelio vascular. Esto conduce al movimiento, la adhesión y la migración de leucocitos. Los efectos anteriores contribuyen a la inflamación y a la formación de radicales libres que, a su vez, inducen apoptosis y necrosis tisular. Por lo tanto, el daño valvular y en la pared venosa que se producen en la enfermedad venosa primaria se reafirma en sí mismo.15-17

De forma similar, en el plano microvascular, la reducción del flujo sanguíneo y el incremento de la tensión da lugar a la activación de la interacción célula-célula, lo que induce el atrapamiento de los leucocitos y, a su vez, resulta en la liberación de mediadores de inflamación. La inflamación lleva a la apertura de la barrera endotelial y la filtración de células endoteliales capilares. Cuando el fluido que sale del capilar (filtración capilar) supera el flujo linfåtico, se produce el edema intersticial. El fluido y las células inmunológicas activas que entran en el tejido adyacente ocasionan una nueva liberación de medidores inflamatorios que empeoran el edema y causan dolor e incomodidad. Dado que los mecanismos patológicos que causan directamente el edema se producen en la microcirculación, esta es el objetivo principal de las intervenciones farmacológicas contra la IVC.

DiagnĂłstico

La existencia de sensación de pesadez, cansancio e hinchazón es un elemento diagnóstico de la EVC, y puede ayudar a diferenciar la EVC de otros focos de dolor en la pierna como la enfermedad arterial oclusiva. Ademås, un dolor que aumenta a lo largo del día, con temperaturas cålidas y, sobre todo, al permanecer en bipedestación y no caminando, indica una patología venosa. Las técnicas diagnósticas pueden dividirse en tres niveles: 1) antecedentes y examen; 2) técnicas de imagen no invasivas; y 3) técnicas de imagen complejas o invasivas. La Sociedad Europea de Cirugía Vascular (ESVS) recomienda la recopilación de antecedentes y el examen físico con un nivel de datos documentales de 1C.10

El sistema CEAP (Tabla 1) estĂĄ aceptado de forma general como el mejor de los sistemas de documentaciĂłn diagnĂłstica disponibles (1B). TambiĂ©n existe una serie de sistemas suplementarios de puntuaciĂłn clĂ­nica. Parece ser que, a pesar del impacto positivo en la valoraciĂłn de la gravedad de la enfermedad y del bienestar del paciente, la escala Venous Clinical Severity Score estĂĄ siendo subutilizada en algunos entornos clĂ­nicos (2aB).10 Las escalas Venous Segmental Disease Score (VSDS) y Venous Disability Score (VDS) tambiĂ©n son herramientas diagnĂłsticas Ăștiles (2aB).10 El uso habitual de estas pruebas adicionales es cada vez mĂĄs frecuente, y debe ser fomentado.

Debería incorporarse al examen clínico la valoración de la calidad de vida (CdV). La CdV está estrechamente relacionada con la gravedad de la enfermedad y con las mejoras inducidas por el tratamiento, y tiene cada vez mayor consideración como criterio de valoración principal al evaluar tratamientos novedosos.10 Están disponibles una serie de medidores de la CdV, tanto generales como específicos para la enfermedad venosa, y están recomendados por la ESVS (2aB). Tanto los componentes físicos como psíquicos del cuestionario general SF-30 pueden detectar el impacto de la EVC en la CdV. Los datos indican que el Estadio C3 tiene un impacto similar a la diabetes o el cáncer, mientras que el Estadio C5–C6 tiene un impacto similar a la insuficiencia cardíaca.18 El cuestionario sobre calidad de vida Aberdeen Varicose Vein Quality of Life (AVVQ), junto con el cuestionario Chronic Venous Insufficiency Questionnaire (CIVIQ), y el cuestionario del Venous Insufficiency Epidemiological and Economic Study, suponen formas de medición de buen nivel y con especificidad para la enfermedad a la hora de evaluar la respuesta al tratamiento (2aB).10

En cuanto a las tĂ©cnicas de imagen no invasivas, la ecografĂ­a dĂșplex (DUS) es actualmente el criterio de referencia en todo el mundo (1A).11 En la mayorĂ­a de los casos, la ecografĂ­a dĂșplex es suficiente para investigar el sistema venoso profundo, y se deberĂ­a utilizar antes de contemplar la flebografĂ­a, la venografĂ­a por tomografĂ­a computarizada (CTV) o la venografĂ­a por resonancia magnĂ©tica (MRV) en el caso de venas pĂ©lvicas o abdominales difĂ­ciles de visualizar (1C).11 Gracias a la adopciĂłn de la ecografĂ­a dĂșplex, el Doppler portĂĄtil se considera obsoleto en la actualidad.10

En aquellos casos en que las venas abdominales o pĂ©lvicas no se pueden visualizar mediante la ecografĂ­a dĂșplex, se utilizan con frecuencia CTV y MRV en los centros bien equipados, pudiendo actualmente conseguir imĂĄgenes tridimensionales (1C).10 Con estas tĂ©cnicas es ahora posible obtener un diagnĂłstico fiable de patologĂ­as abdominales como el sĂ­ndrome del cascanueces, el sĂ­ndrome de May–Thurner y el varicocele pĂ©lvico.10 Las tĂ©cnicas invasivas como la flebografĂ­a estĂĄn recomendadas cuando las otras herramientas no permiten conseguir resultados concluyentes (2bB).10

MANEJO DE LA ENFERMEDAD VENOSA CRÓNICA

El tratamiento de la IVC pretende mejorar la funciĂłn venosa y los signos y los sĂ­ntomas de la IVC. El abordaje de los signos como sĂ­ntomas es el objetivo mĂĄs importante del tratamiento desde el punto de vista del paciente; sin embargo, no siempre es concomitante con la mejora de la funciĂłn venosa. Por ejemplo, la frecuente recurrencia de Ășlceras venosas posteriores a un tratamiento invasivo se origina en una patologĂ­a microcirculatoria continua, que no se ve afectada por el tratamiento del reflujo venoso.

El manejo también debe abordar la naturaleza progresiva de la IVC y actuar como profilåctico frente al agravamiento y al avance.19 El tratamiento comprende opciones terapéuticas tanto conservadoras como invasivas. Entre los tratamientos conservadores se incluyen el tratamiento físico, como la participación en deportes o el aumento del movimiento, y el tratamiento compresivo y la terapia farmacológica. Entre las modalidades de tratamiento invasivo estån la cirugía de las venas superficiales y profundas, entre ellas la flebectomía percutånea mediante ganchos y técnicas de stripping. Las nuevas opciones de tratamiento menos invasivas incluyen la escleroterapia mediante espuma, la ablación térmica endovenosa y las técnicas de ablación por radiofrecuencia.20-22 Estas técnicas ofrecen buenos resultados a mediano plazo, y su eficacia es comparable al stripping, aunque se debe tener en cuenta el diåmetro venoso al tomar decisiones terapéuticas, pues las venas varicosas mås grandes pueden no ser susceptibles a tratamiento con estas técnicas menos invasivas.

Terapia compresiva

La terapia compresiva constituye la base del manejo terapéutico de la IVC. Ademås de los efectos físicos manifiestos sobre el edema, la compresión reduce la inflamación al contraer los espacios entre las células del endotelio vascular y reducir las interacciones célula-célula. También disminuye la hipertensión venosa intermitente y mejora la velocidad del flujo capilar y venular, de modo que aborda los causantes primarios de la patología IVC. La compresión mejora la hemodinamia mediante la promoción de la bomba venosa y la reducción del reflujo venoso. Mientras tanto, la formación de edemas se corrige con la mejora de la microcirculación y la promoción del drenaje linfåtico. La reducción del edema da lugar a una mejora de los síntomas, con la ventaja añadida de que los efectos son inmediatos.

El tratamiento compresivo asume varias formas, como las vendas, las medias y la compresiĂłn neumĂĄtica intermitente, que estĂĄ emergiendo como un mĂ©todo nuevo con potencial para la tromboprofilaxis. Para la EVC, las indicaciones de las medias de compresiĂłn varĂ­an segĂșn su presiĂłn. Las medias de baja presiĂłn (10–20 mmHg) estĂĄn indicadas para el tratamiento de la clasificaciĂłn CEAP C0–C1 con el objetivo de evitar la hinchazĂłn, la pesadez de piernas, la sensibilidad y el dolor. La prevenciĂłn de los sĂ­ntomas en el estadio C2, y la reducciĂłn del edema en el estadio C3 precisa de medias de presiĂłn mĂĄs alta, entre 20–30 mmHg. Las medias de presiĂłn de 30–40 mmHg estĂĄn indicadas tanto para la prevenciĂłn de las Ășlceras (C4) como la prevenciĂłn de su recurrencia (C5). Por su parte, la curaciĂłn de la Ășlcera y el alivio del dolor en pacientes con IVC C6 requiere el uso de medias de compresiĂłn con presiones de ~40 mmHg.

El documento de consenso de 2008, que serĂĄ actualizado prĂłximamente, ha identificado una serie de insuficiencias en las pruebas cientĂ­ficas para la terapia de compresiĂłn.23 En la actualidad, existen pocas recomendaciones a las que se haya atribuĂ­do el nivel de evidencia mĂĄs alto, el 1A. La prevenciĂłn de tromboembolismos venosos mediante compresiĂłn a baja presiĂłn y la prevenciĂłn de Ășlceras C6 con vendajes compresivos son recomendaciones de nivel 1A; sin embargo, el uso de medias de alta compresiĂłn para la prevenciĂłn del sĂ­ndrome postrombĂłtico, que tiene actualmente clasificaciĂłn 1A, es probable que se vea rebajado a la vista de la solidez de los datos del estudio SOX.24 El aumento en la cantidad de datos disponibles que apuntan a que la compresiĂłn postquirĂșrgica para el alivio del dolor solo es eficaz durante la primera semana tras la cirugĂ­a es probable que influya tambiĂ©n en las recomendaciones que figuren en el nuevo documento de consenso.

FĂĄrmacos venoactivos

La acciĂłn de los fĂĄrmacos venoactivos es muy similar a la de la terapia compresiva. Los fĂĄrmacos venoactivos reducen la inflamaciĂłn de la pared venosa, disminuyen la formaciĂłn de edema y el desarrollo de cambios cutĂĄneos, y protegen a las cĂ©lulas endoteliales de la contracciĂłn. Los fĂĄrmacos venoactivos son un grupo heterogĂ©neo, muchos de los cuales proceden de extractos de plantas (Tabla 2). TambiĂ©n es heterogĂ©nea la base cientĂ­fica que los sustenta, existiendo un nĂșmero significativo de tratamientos para los que no se dispone de estudios con revisiĂłn cientĂ­fica externa o esta es insuficiente.

Tabla 2: Resumen de fĂĄrmacos venoactivos.25,26
†Al valorar el grado de solidez científica solo se consideraron aquellos ensayos que evaluaban síntomas. ‡Datos extraídos del tratamiento combinado cumarina-troxerutina.
FFMP: fracciĂłn flavonoide micronizada purificada.
AdaptaciĂłn de Ramelet et al., 2005.25 *Basado en datos procedentes de Nicholaides et al., 2008.26

El alivio de los sĂ­ntomas es el principal objetivo del tratamiento farmacolĂłgico, y existen pruebas sĂłlidas de que se produce un efecto objetivo sobre el edema y los sĂ­ntomas venosos (el nivel de evidencia se sitĂșa en la mayorĂ­a de los casos entre 1 y 2B, dependiendo de la sustancia utilizada). Que el tratamiento farmacolĂłgico pueda curar la EVC sigue sin estar claro, pero hay pruebas que sugieren podrĂ­a influir en la curaciĂłn de Ășlceras en las piernas. Asimismo, el uso profilĂĄctico de los fĂĄrmacos venoactivos debe aĂșn ser investigado en profundidad, a pesar de que la fisiopatologĂ­a de la EVC y los mecanismos antiinflamatorios de los fĂĄrmacos venoactivos apuntarĂ­an a un posible retraso de su progresiĂłn. Los datos disponibles indicarĂ­an que el uso de fĂĄrmacos venoactivos es tanto seguro como econĂłmico, siendo los efectos secundarios a nivel digestivo el principal efecto negativo.25,26

A pesar de que existen pruebas sĂłlidas de que se consigue un efecto objetivo, algunos mĂ©dicos cuestionan la trascendencia clĂ­nica que consiguen los fĂĄrmacos venoactivos en la reducciĂłn del edema. Datos de un anĂĄlisis de 2006 muestran que la mayorĂ­a de las reducciones se sitĂșan en el intervalo de los 40–50 ml, lo que no parece tener relevancia clĂ­nica teniendo en cuenta el volumen de la pantorrilla en su conjunto.27 No obstante, esta comparaciĂłn se basa en una serie de supuestos errĂłneos. En primer lugar, la volumetrĂ­a de desplazamiento del agua, principal mĂ©todo utilizado en la evaluaciĂłn del edema, mide sobre todo la zona del pie y del tobillo, lo que representa en torno a 2.500–3.000 ml. A pesar de que este sigue siendo un gran volumen en comparaciĂłn con las reducciones obtenidas con fĂĄrmacos venoactivos, el edema venoso se produce sobre todo en el cutis y subcutis, lo que representa aproximadamente un 20 % de este volumen (600 ml). Asimismo, alrededor de un tercio de este tejido graso estĂĄ compuesto de agua, con lo que el volumen de tejido expuesto al edema se reduce a unos 200 ml. Hechos estos ajustes, el efecto conseguido por los fĂĄrmacos venoactivos representa de hecho una reducciĂłn de volumen de en torno al 25 %.

Otra polĂ©mica tiene que ver con el lugar que ocupan los fĂĄrmacos venoactivos a nivel terapĂ©utico, y si pueden reemplazar a la terapia compresiva, a la cirugĂ­a o a ambas. La mayorĂ­a de los fĂĄrmacos venoactivos necesitan de un periodo de preinclusiĂłn de entre 3−4 semanas antes de ser eficaces en la reducciĂłn del edema, por lo que no podrĂ­an sustituir a la terapia compresiva en muchos casos en que es necesaria una reducciĂłn inmediata del edema. Asimismo, a diferencia de las intervenciones quirĂșrgicas, los fĂĄrmacos venoactivos no pueden restaurar las venas varicosas ni resolver la obstrucciĂłn. De hecho, las intervenciones farmacolĂłgicas representan un excelente tratamiento sinĂ©rgico junto con la terapia compresiva y las intervenciones quirĂșrgicas, mĂĄs que una posible soluciĂłn sustitutiva.

DOBESILATO DE CALCIO: EFICACIA CLÍNICA EN EL TRATAMIENTO DE LA ENFERMEDAD VENOSA CRÓNICA SINTOMÁTICA

El dobesilato de calcio afecta una serie de mecanismos patofisiológicos, mejorando los síntomas de la IVC. Estos mecanismos podrían clasificarse en términos generales como efectos en los capilares y la pared venosa, efectos en los componentes de la sangre y efectos en la circulación linfåtica.28,29

Entre los efectos del dobesilato de calcio en los capilares y la pared venosa estĂĄn: reducciĂłn de las especies de oxĂ­geno reactivo, reducciĂłn de los factores apoptĂłticos, mejora de la disfunciĂłn endotelial, inhibiciĂłn de la adhesiĂłn leucocitaria al endotelio y reducciĂłn de la permeabilidad de la pared capilar a travĂ©s de la actividad contra el factor de crecimiento endotelial vascular, asĂ­ como inhibiciĂłn de las alteraciones en las proteĂ­nas de las uniones celulares.28-35 Estos mecanismos combinados actĂșan mejorando el funcionamiento de los capilares y la pared venosa, reduciendo la extravasaciĂłn de sangre y fluidos y, por consiguiente, la formaciĂłn de edema.

El dobesilato de calcio actĂșa sobre los componentes de la sangre reduciendo la fragilidad de los eritrocitos e inhibiendo la agregaciĂłn plaquetaria, reduciendo tambiĂ©n la viscosidad plasmĂĄtica.36,37 Estos efectos pueden a su vez limitar la trombosis en la microcirculaciĂłn y el sĂ­ntoma asociado con ella, la atrofia blanca.

Por Ășltimo, la mejorĂ­a en la captura de fluidos y macromolĂ©culas del espacio extracelular y la aceleraciĂłn del flujo linfĂĄtico influye en la normalizaciĂłn de la fisiologĂ­a linfĂĄtica y la mejora de los sĂ­ntomas.38,39 En los Ășltimos 10 años se ha llegado a entender mejor la importancia de este mecanismo, ya que la solidez de los datos acumulados apunta ahora a que ≄90 % de los fluidos que contribuyen al edema son reabsorbidos por el sistema linfĂĄtico.40-42

Efectos clĂ­nicos del dobesilato de calcio

Los datos clĂ­nicos disponibles indican que el dobesilato de calcio es eficaz para reducir los sĂ­ntomas y signos de la IVC. Un metaanĂĄlisis de 2001 de Espinosa y Giannone43 resumĂ­a los resultados de cuatro estudios clĂ­nicos aleatorizados, doble ciego y controlados mediante placebo en los que se administraron a los pacientes 1,5 g de dobesilato de calcio por dĂ­a o placebo durante 4 semanas al menos (N=324). El dobesilato de calcio consiguiĂł mejoras significativas sobre los sĂ­ntomas subjetivos mĂĄs frecuentes en comparaciĂłn con el placebo.

Un ensayo doble ciego y controlado mediante placebo con dobesilato de calcio de 2004 (1,5 g al dĂ­a durante 4 semanas) en pacientes ambulatorios (N=253) con IVC (CEAP: C3−4) investigĂł sus efectos en el edema y el volumen de la pierna. A pesar de que fuese necesario un periodo de preinclusiĂłn de entre 3 y 4 semanas para que se iniciase la reducciĂłn del edema, se produjo una reducciĂłn significativa (p=0,0109) del 48 % en el volumen de la pierna en IVC moderada a las 4 semanas de tratamiento con dobesilato de calcio (Figura 1a). Tras la retirada del tratamiento, se produjo una reversiĂłn parcial del edema, aunque ensayos posteriores sugieren que se podrĂ­a conseguir un efecto a largo plazo con dobesilato de calcio. En pacientes con IVC mĂĄs grave (pacientes previamente tratados, CEAP en estadĂ­o C4, o duraciĂłn de la IVC >12 años) se consiguiĂł una reducciĂłn del 77 % (Figura 1b).44 Un metaanĂĄlisis mĂĄs reciente de Ciapponi et al.45 de tres ensayos con dobesilato de calcio (N=608) encontrĂł resultados similares, incluyendo una mejora superior en tĂ©rminos de dolor, pesadez e hinchazĂłn de los tobillos en pacientes en estadĂ­os graves de la enfermedad, en comparaciĂłn con aquellos que padecĂ­an IVC leve.

Figura 1: Cambios en el volumen de la pierna durante el tratamiento con dobesilato de calcio o placebo en pacientes con.
A) insuficiencia venosa crĂłnica moderada o B) insuficiencia venosa crĂłnica mĂĄs severa.44
Copyright © 2016 European Medical Journal. Reimpresión bajo licencia de SAGE Publications, Ltd.

Con el fin de ajustarse a las recomendaciones actualizadas, se investigĂł el efecto del dobesilato de calcio en el dolor y el volumen de la pantorrilla a lo largo de 8 semanas en un ensayo multicĂ©ntrico, doble ciego y controlado mediante placebo (N=256). Los pacientes padecĂ­an IVC sintomĂĄtica y edema con fĂłvea (C3–C5), asĂ­ como al menos un sĂ­ntoma como molestias o dolor. Se midiĂł el volumen de la pantorrilla con el mĂ©todo de la circunferencia en lugar de hacerlo por volumetrĂ­a de desplazamiento de agua. El volumen de la parte inferior de la pantorrilla disminuyĂł en el grupo tratado con dobesilato de calcio hacia el final del periodo de tratamiento activo en 64,7 ml, en comparaciĂłn con los 0,8 ml del grupo de placebo (p=0,0002), independientemente del uso de medias compresivas. En ambos grupos se produjo una reducciĂłn del dolor, pero fue mucho mĂĄs marcada en el grupo de dobesilato de calcio en comparaciĂłn con el de placebo (p=0,0071).46

Debido a la preferencia que algunas autoridades sanitarias dan a la mediciĂłn por volumetrĂ­a de desplazamiento de agua, se realizĂł un estudio similar utilizando este tipo de mediciĂłn para la evaluaciĂłn del edema. Este estudio aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo evaluĂł los efectos del dobesilato de calcio a dosis de 1,5 g/dĂ­a a lo largo de 12 semanas en pacientes con IVC en estadĂ­o C3–C4 (N=351). No se alcanzĂł en este estudio el objetivo en tĂ©rminos de cambio del volumen relativo en la pierna mĂĄs patolĂłgica desde el inicio hasta la Semana 12 (-0,6 % frente a -0,3 %; p=0,09), debido probablemente a una serie de violaciones al protocolo en cuanto a la volumetrĂ­a de desplazamiento de agua atribuĂ­bles al laboratorio. No obstante, en el periodo de seguimiento posterior de 24 semanas, los pacientes tratados previamente con dobesilato de calcio mostraron un cambio significativo tanto en tĂ©rminos de volumen relativo (-1,01 % frente a -0,08 %; p=0,002) como absoluto (-25,7 ml frente a -1,1 ml; p=0,002) en comparaciĂłn con el placebo. Estos datos sustentarĂ­an un efecto putativo a largo plazo del dobesilato de calcio que respaldarĂ­a la continuidad del esfuerzo investigador, y que podrĂ­a influir en futuras recomendaciones relativas al curso Ăłptimo del tratamiento con dobesilato de calcio.47

Se ha destacado con anterioridad la importancia de los datos sobre calidad de vida en la IVC. En el estudio anterior, la puntuaciĂłn secundaria CIVIQ sobre calidad de vida en cuanto a valoraciĂłn del dolor o la incomodidad en tobillos o piernas en las Ășltimas 4 semanas mejorĂł significativamente hacia la Semana 12 en el grupo de dobesilato de calcio (p=0,03) en comparaciĂłn con los valores de referencia, aunque esta diferencia no resultĂł significativa al compararla con el placebo.47 Los datos sobre calidad de vida a largo plazo de un estudio de 2008 de MartĂ­nez-Zapata et al.,48 mostraron una diferencia significativa a favor del dobesilato de calcio en comparaciĂłn con el placebo a los 12 meses (p=0,02). En este estudio, como en el estudio de 2016 de Rabe et al.,47 la calidad de vida mejorĂł tanto en el grupo de dobesilato de calcio como en el de placebo hasta el tercer mes. A largo plazo sin embargo, la calidad de vida seguĂ­a mejorando en el grupo de dobesilato de calcio, mientras que en el grupo placebo se deterioraba hasta un punto por debajo de los valores de referencia.48

Documentos de consenso y recomendaciones

El documento del Consenso de Siena representa una de las primeras recomendaciones para el tratamiento de la IVC. Las recomendaciones contenidas en este documento se basaban en datos relativos a la mejora de los síntomas, mås que en signos clínicos como el edema.25 El documento de Siena clasificaba el uso de fårmacos venoactivos para la IVC con el nivel de evidencia A, lo que fue confirmado en las Recomendaciones internacionales para el manejo de la EVC publicadas en 2008, que recomendaban el uso específico de dobesilato de calcio con un nivel de evidencia A basåndose en dos ensayos/metaanålisis (Tabla 1).25,26 En relación con otros fårmacos venoactivos, la fracción flavonoide micronizada purificada (MPFF) también se recomendaba con el Grado A, mientras que los restantes tratamientos farmacológicos se clasificaron bajo los grados C o B, no siendo aconsejados como tratamientos de primera línea.26 La actualización de 2014 de estas recomendaciones clasificaba la MPFF en el Grado 1B, frente al 2B atribuido al dobesilato de calcio, a pesar de que ambos fårmacos estån sustentados en el mismo nivel de datos clínicos (B).49 En una evaluación mås técnica de los datos procedentes del Informe de evaluación de la tecnología sanitaria austriaco de 2014, solo el dobesilato de calcio aparecía con un nivel de respaldo moderado procedente de ensayos controlados mediante placebo, estando el resto de tratamientos pobremente sustentados en datos.

Los datos mĂĄs rigurosos y actualizados de que se dispone en la actualidad sobre los fĂĄrmacos venoactivos proceden del informe Cochrane de 2016 sobre flebotĂłnicos para la IVC. Se evaluaron sesenta y seis ensayos aleatorizados y con grupo control, de los que 53 (N=6,013) proporcionaron datos cuantificables. La mayorĂ­a de los ensayos se centraban en los rutĂłsidos (28), seguidos de la hidrosmina y la diosmina (10), y el dobesilato de calcio (9). La mayorĂ­a de los estudios eran defectuosos, y solo cuatro mostraban un riesgo de sesgo bajo. De estos estudios de gran calidad, tres evaluaban el dobesilato de calcio, y uno la terapia combinada con cumarina/troxerutina. Los autores concluĂ­an por apuntar que, de acuerdo con datos de calidad intermedia, los flebotĂłnicos tienen efectos beneficiosos en el edema y en algunos signos y sĂ­ntomas de la IVC en comparaciĂłn con el placebo. El riesgo de efectos secundarios gastrointestinales aumentaba respecto al placebo. El metaanĂĄlisis no encontrĂł diferencias en cuanto a curaciĂłn de Ășlceras, aunque muy pocos estudios contemplaron este aspecto. En conclusiĂłn, los autores destacaron tambiĂ©n la necesidad de contar con un mayor nĂșmero de ensayos aleatorizados y con grupo control de calidad para mejorar la base sobre la que sustentar el uso de flebotĂłnicos en IVC.50

IMPACTO DE LA ENFERMEDAD VENOSA CRÓNICA EN EL RESCATE DE MIEMBROS DIABÉTICOS

Las Ășlceras de pierna pueden agruparse entre las que son principalmente de origen venoso (Grupo I: 75 %), las que tienen origen mixto venoso y arterial (Grupo II: 14 %), y las influidas tanto por IVC como por diabetes (Grupo III: 9 %), que suelen afectar con mĂĄs frecuencia al pie. Las Ășlceras del Grupo II reciben a menudo un diagnĂłstico errĂłneo, con lo que las estrategias terapĂ©uticas acaban por ser incompletas o equivocadas. Las Ășlceras de origen mixto tanto diabĂ©tico como venoso (Grupo III) suponen un desafĂ­o terapĂ©utico significativo, a menudo no siendo posible curarlas y acabando en la amputaciĂłn del miembro.

El cuarenta por ciento de las lesiones de pie diabĂ©tico estĂĄ asociado con IVC. La combinaciĂłn de las caracterĂ­sticas de la diabetes y la IVC dan lugar a Ășlceras resistentes al tratamiento, que aumentan el riesgo de pĂ©rdida del miembro. Al dar con un paciente con Ășlceras diabĂ©tico e IVC, es preciso llevar a cabo un examen general seguido de examen regional y, por Ășltimo, local. Es necesario tener en cuenta elementos etiolĂłgicos generales subyacentes que pudieran influir en la formaciĂłn de Ășlceras, como pueden ser artritis reumatoide, lupus sistĂ©mico y diabetes no controlada. Acto seguido, debe prestarse atenciĂłn a elementos etiolĂłgicos como la isquemia y la IVC, ya que pueden retrasar el proceso de curaciĂłn. Por Ășltimo, se deben considerar factores patolĂłgicos locales como isquemia arterial, hipertensiĂłn venosa y edema linfĂĄtico.

La experiencia recabada en grandes centros que reciben un nĂșmero elevado de remisiones para amputaciĂłn de miembros por lesiones de pie diabĂ©tico apunta a que la pĂ©rdida de miembros en pacientes diabĂ©ticos se debe a la carencia de equipos especializados en cuidado del pie, combinada con estrategias de tratamiento demasiado ceñidas a la especialidad del clĂ­nico, en lugar del empleo de estrategias terapĂ©uticas referenciadas a la patologĂ­a. Por ejemplo, un cirujano vascular que no encuentre pulso en un pie afectado por lesiones diabĂ©ticas podrĂ­a pensar en un caso vascular. La investigaciĂłn y correcciĂłn del origen del problema, como puede ser una oclusiĂłn femoral superficial, puede no conducir a la curaciĂłn de la lesiĂłn diabĂ©tica, ya que factores como una mala calidad de la sangre habrĂĄn sido obviados por un especialista demasiado centrado en la enfermedad vascular. Estos problemas podrĂ­an superarse con la supervisiĂłn por un equipo multidisciplinario; no obstante, en el entorno clĂ­nico habitual, la disponibilidad de este tipo de equipos es muy reducida, incluso en sistemas sanitarios muy avanzados como el estadounidenses.

Un artículo de reciente publicación intentó desarrollar una estrategia para superar estas cuestiones empleando datos de los anålisis internos realizados por un grupo de hospitales clínicos de El Cairo. Los anålisis identificaron seis factores etiológicos modificables en pacientes con lesiones de pie diabético remitidos para amputación mayor. Se analizó después de forma prospectiva el impacto del tratamiento dirigido hacia estos factores modificables (calidad de la sangre [haemoglobin <9 g/dl and/or serum albumin <3 g/dl], cantidad de sangre, lesiones óseas, enfermedades asociadas, pérdida tisular y cirugía local de pie previa) a lo largo de 5 años y sobre una población de 4.102 pacientes.51

En este estudio, estaba presente uno de los seis factores etiolĂłgicos identificados en todos los casos remitidos y, en la mayorĂ­a de los casos, estaban presentes dos factores hormonales (78 %). El factor etiolĂłgico mĂĄs comĂșn era la calidad de la sangre (66 %), siendo el menos comĂșn la pĂ©rdida tisular (8%). La presencia de alguna enfermedad asociada, lo que incluĂ­a a la IVC, era un factor presente en el 28 % de los casos.51

El uso de un paradigma terapéutico con orientación etiológica resultó en el rescate de los miembros de la mayoría de los pacientes remitidos para amputación. Aquellos casos en que existían enfermedades asociadas, como la IVC, fueron aquellos en los que el tratamiento dio mejor resultado, llegando a amputación mayor solo el 16 %; mientras que los asociados con pérdida tisular y cirugía de pie previa fueron los menos satisfactorios, necesitando amputación el 35 % y el 52 % respectivamente (Figura 2). Se consideró que los casos con cirugía de pie previa eran los mås problemåticos, debido a una historia de pérdida tisular progresiva causada por intervenciones localizadas acometidas sin que se hubiese intentado atender la etiología subyacente en forma adecuada.51

Figura 2: AmputaciĂłn mayor y rescate de miembro sin amputaciĂłn tras tratamiento etiolĂłgico basado en referencias clave en pacientes con Ășlcera diabĂ©tica remitidos para amputaciĂłn mayor.
Los autores aconsejaron la aplicaciĂłn del protocolo para pie diabĂ©tico para identificar, detectar y corregir todos los elementos etiolĂłgicos como parte de un plan estratĂ©gico de manejo. TambiĂ©n se aconsejĂł el uso de una clave de color que apareciese en la primera pĂĄgina de la ficha del paciente. Por Ășltimo, se insistiĂł en desaconsejar una clasificaciĂłn de pacientes por especialidad respectiva del mĂ©dico por los efectos que podrĂ­a tener en el posterior descubrimiento de elementos etiolĂłgicos.
AFLS: rescate de miembro sin amputaciĂłn.

RESUMEN DE ESTUDIOS DE CASO

Estudio de caso 1

Mujer de 79 años con Ășlcera venosa en una pierna. La paciente tenĂ­a una pequeña safena varicosa en la pierna derecha, y se quejaba de pesadez, dolor e hinchazĂłn. Se consiguiĂł curar la Ășlcera despuĂ©s de aplicar tratamiento con lĂĄser y compresiĂłn. No obstante, no se eliminĂł el dolor moderado, la sensaciĂłn de pesadez y un edema leve. Al cabo de 6 semanas de tratamiento con 1,5 g/dĂ­a de dobesilato de calcio, desapareciĂł la sensaciĂłn de pesadez y el edema.

Estudio de caso 2

VarĂłn de 49 años con peso y altura medios que acudiĂł a consulta por historial de trombosis venosa profunda poplĂ­tea recurrente (TVP), que supuso 3 ataques en los 4 años anteriores. Los resultados de laboratorio fueron normales, y el paciente resultĂł negativo para proteĂ­nas C y S, asĂ­ como para la mutaciĂłn del factor V Leiden. El paciente tomaba anticoagulantes orales habitualmente, y su Ă­ndice internacional normalizado era 2,2–3,0. La presentaciĂłn aguda del paciente implicaba un edema progresivo rĂĄpido del miembro izquierdo y cianosis del pie, sin edema en ingle ni escroto. La presentaciĂłn clĂ­nica era de flegmasĂ­a dolorosa, y la ecografĂ­a dĂșplex mostrĂł TVP iliofemoral izquierda.

Se prescribiĂł tratamiento trombolĂ­tico por la flegmasĂ­a dolorosa y la cianosis del pie. Se insertĂł un filtro en la vena cava inferior a travĂ©s de la vena femoral derecha. DespuĂ©s se insertĂł un catĂ©ter de perfusiĂłn por la ruta poplĂ­tea, ascendiendo por la vena poplĂ­tea hasta la iliofemoral izquierda, dejando actuar el tratamiento con activador tisular del plasminĂłgeno 24 horas, lo que supuso una rĂĄpida resoluciĂłn del edema. No obstante, despuĂ©s del tratamiento, la venografĂ­a revelĂł que la etiologĂ­a subyacente era un sĂ­ndrome de compresiĂłn de la vena ilĂ­aca comĂșn izquierda por la arteria ilĂ­aca comĂșn derecha. Tras la dilataciĂłn, se introdujo una endoprĂłtesis y se dejĂł recuperarse al paciente en observaciĂłn durante dos dĂ­as, lo que supuso una resoluciĂłn del problema sin recurrencias durante >17 años.

Estudio de caso 3

VarĂłn de 65 años sin historia de diabetes ni hipertensiĂłn con pierna izquierda hinchada, estando presente el problema en los Ășltimos 10 meses, y con una pequeña hinchazĂłn en la ingle izquierda. La ecografĂ­a dĂșplex permitiĂł descubrir una trombosis aguda en la vena poplĂ­tea femoral, un trombo flotante no adherido en la vena femoral comĂșn y una vena ilĂ­aca izquierda comprimida y estrechada producida por una masa de tejido blando. La resonancia magnĂ©tica (RM) mostrĂł una agrupaciĂłn de ganglios linfĂĄticos ilĂ­acos externos que envolvĂ­a a los vasos ilĂŹacos externos e internos. La funciĂłn de las arterias se habĂ­a visto amplificada, mientras que la de las venas estaba reducida, estando la vena ilĂ­aca externa izquierda comprimida por la masa linfadenopĂĄtica y por la agrupaciĂłn de ganglios ilĂ­acos externos izquierdos.

La biopsia revelĂł que era un linfoma no-Hodgkin; el linfoma era de naturaleza folicular y estaba caracterizado por folĂ­culos macroscĂłpicos que se encontraban en secciones transversales del ganglio linfĂĄtico. Se sabe que el tratamiento de este tipo de tumor con Rituximab produce una tasa de respuesta alta, ofreciendo un perfil de toxicidad muy favorable. Cabe esperar una reducciĂłn del 90 % en el tamaño del tumor en 5–9 meses, con una tasa de remisiĂłn del 75–90 %.52

El médico responsable se enfrentaba a tres planes de manejo posibles para iniciar el tratamiento, que abordaban el tumor, el trombo flotante o la TVP iliofemoral. Debido a la posibilidad de que el tumor se redujera råpidamente con Rituximab, lo que podría dar lugar a la liberación del trombo y el consecuente riesgo de embolia pulmonar, el médico insertó un filtro recuperable en la vena cava inferior para administrar tratamiento trombolítico dirigido por un catéter iliofemoral. El tratamiento con Rituximab se inició tras la colocación del catéter, iniciåndose el tratamiento con dobesilato de calcio para paliar el potencial de hipertensión venosa. Al cabo de dos semanas se resolvieron tanto la hinchazón en la ingle como el edema.

RESUMEN

La EVC genera una carga significativa sobre los servicios sanitarios y la sociedad en general. La fisiopatologĂ­a de la EVC se origina por el aumento de la tensiĂłn venosa, el reflujo o la obstrucciĂłn, lo que da como resultado hipertensiĂłn venosa y una reducciĂłn del flujo sanguĂ­neo. Estos factores inducen inflamaciones en la microcirculaciĂłn y el consiguiente edema. El objetivo principal y comĂșn a todos los tratamientos es la mejora de los signos clĂ­nicos, de los sĂ­ntomas y de la CdV del paciente. Los objetivos tĂ©cnicos comunes, entre ellos la ablaciĂłn del reflujo y la mejora de la funciĂłn venosa, son ahora secundarios al alivio de los sĂ­ntomas tanto para los pacientes como para los facultativos mĂĄs actualizados. TĂ©cnicas invasivas y compresiĂłn actĂșan en torno al objetivo combinado de reducir los sĂ­ntomas y resolver los mecanismos patolĂłgicos. Las intervenciones farmacolĂłgicas suponen una opciĂłn terapĂ©utica complementaria que actĂșa sobre los sĂ­ntomas y los mecanismos.

El dobesilato de calcio presenta una forma de acciĂłn singular sobre diversos objetivos que promueven la conservaciĂłn de la integridad microvascular y la mejora de la circulaciĂłn microvascular. El dobesilato de calcio tiene efectos especĂ­ficos sobre la permeabilidad capilar y la reducciĂłn del edema; sin embargo, cuenta con efectos mĂĄs amplios en los que se incluyen mecanismos de acciĂłn antiinflamatoria. El dobesilato de calcio mejora de forma efectiva los sĂ­ntomas de la IVC y presenta buena tolerancia, con una baja incidencia de trastornos digestivos leves y reversibles. Por Ășltimo, y lo que quizĂĄ sea de mayor importancia, el dobesilato de calcio mejora la CdV de los pacientes.

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